Actualidad del sector automoción y taller mecánico
NEXT MEDIA
partner by




Noticias
Volver atrás
Análisis técnico del motor Dacia Sandero TCe Por Lluis Godayol, formador de Next Academy
El Dacia Sandero TCe es, desde hace años, uno de los modelos más relevantes para cualquier taller del país. No es casualidad: hablamos del coche más vendido en España durante más de una década, lo que significa que su presencia en los talleres es constante y creciente. Por eso resulta tan importante comprender bien su arquitectura, sus particularidades y los factores que condicionan su diagnosis y mantenimiento.
Un motor pequeño con parámetros que exigen precisión
Dentro del segmento de motores turboalimentados de baja cilindrada, el TCe destaca por encima de la media. Lo primero que llama la atención es la presión máxima de inyección, que alcanza los 300 bar, una de las más altas que encontramos hoy en motores de gasolina de inyección directa. Este dato, lejos de ser anecdótico, condiciona tanto la calidad de la combustión como los problemas derivados de las partículas de hollín y la dilución del aceite. A esto se suma un turbo soplando 1,5 bar, también por encima del estándar habitual, y una válvula de descarga que elimina el efecto ariete al levantar el pie del acelerador. Todo ello configura un motor compacto, pero con exigencias técnicas que el mecánico debe tener presentes desde el primer día.
Otra particularidad que conviene remarcar es el sensor diferencial del filtro de partículas, que utiliza protocolo SENT (SAE J2716). A diferencia de los sensores tradicionales, no entrega una señal analógica convencional, sino una comunicación codificada. Esto puede llevar a diagnósticos erróneos si no se conoce su funcionamiento y si se interpreta su salida como un fallo eléctrico típico. Para muchos talleres, este detalle representa una curva de aprendizaje que conviene anticipar.
Diferencias entre versiones: un matiz que importa más de lo que parece
Los motores TCe de 90 y 100 CV utilizan el bloque H4D de 900 cc, mientras que el Sandero de 110 CV monta el H5D de 1.000 cc, evolución directa del anterior. Aunque a simple vista parecen variantes casi idénticas, conocer la cilindrada y la evolución técnica ayuda a evitar confusiones en valores de referencia, despieces y procedimientos. Eso facilita la diagnosis y reduce tiempos improductivos en el taller.
Problemas recurrentes que llegan al taller
Entre las incidencias más habituales se encuentra el conocido “estiramiento” de la cadena de distribución. Este fenómeno no aparece por un único motivo, sino por la suma de varios factores:
– Contaminación del aceite por hollín, propia de la combustión en inyección directa,
– Dilución de gasolina durante las regeneraciones,
– Intervalos de mantenimiento excesivamente largos (30.000 km),
– Viscosidad muy baja del aceite recomendado (0W20).
Cuando todos estos elementos coinciden, el tensor no trabaja dentro de su rango ideal, aparecen holguras y la cadena acaba modificando su longitud efectiva. La recomendación para el taller es clara: reducir los intervalos de mantenimiento y explicarlo al cliente desde la prevención técnica, no desde el miedo. Es una medida simple que evita averías costosas y mejora el rendimiento del motor a largo plazo.
